Salud Mental
| por Laura Ruiz Mitjana

Tricotilomanía (arrancarse el cabello): causas, síntomas y tratamiento

Explicamos los síntomas y las posibles causas de este trastorno obsesivo compulsivo.
Tricotilomanía

La tricotilomanía es un trastorno que implica el arrancamiento compulsivo del cabello, ocasionando una pérdida perceptible del mismo.

Muchas veces, la persona siente una especie de deseo irrefrenable de llevar a cabo tal conducta, y una posterior sensación de alivio o placer después de ella.

Se asocia a momentos de estrés, y en ocasiones puede acompañarse de una falta de recursos o herramientas a la hora de gestionar estos momentos de tensión. En este artículo conoceremos en qué consiste este cuadro, características, causas y posibles tratamientos.

Tricotilomanía: tipo de trastorno

La tricotilomanía es un trastorno mental recogido en el DSM (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders). En 4ª edición del manual (DSM-IV-TR), la tricotilomanía se clasificaba como un trastorno del control de los impulsos, concretamente, se ubicaba en los trastornos no recogidos en otros apartados de esta categoría.

Sin embargo, en la 5ª y última edición del manual (DSM-5) se produce un cambio, y la tricotilomanía se clasifica como un trastorno obsesivo compulsivo (junto al trastorno obsesivo compulsivo, el trastorno por acumulación, el trastorno por excoriación y el trastorno dismórfico corporal, entre otros).

¿En qué consiste?

Pero, ¿qué es exactamente la tricotilomanía?

Se trata de una patología caracterizada por un arranque recurrente del cabello, que origina una pérdida perceptible e importante del mismo. El arranque puede ser de cualquier zona del cuerpo que tenga cabello, aunque lo más habitual es la cabeza (sobre todo en las mujeres; los hombres, en cambio, se lo suelen arrancar de cualquier zona del cuerpo con pelo), pero también es frecuente verlo en cejas e incluso en pestañas.

Esta pérdida de cabello se traduce en zonas del cuero cabelludo despobladas, o incluso en cejas con trozos vacíos, etc. El arrancamiento, además, es compulsivo, convirtiéndose para el paciente en un hábito irrefrenable e incontrolable (de hecho, por eso anteriormente la tricotilomanía estaba ubicada como un trastorno del control de los impulsos).

Señales y síntomas

La persona que lo padece, es incapaz de resistirse al impulso de arrancarse el pelo; esto se evidencia con una sensación de tensión en el momento previo al arranque, y con una posterior sensación de placer durante y/o después de hacerlo. Esa última característica la propone el DSM-IV-TR; sin embargo, en el DSM-5 además se especifica que la persona intenta disminuir o detener el arrancamiento.

Por otro lado, esa sensación que tiene la persona con tricotilomanía de tensión y posterior placer que hemos mencionado, es eliminada como criterio en el DSM-5. Además, la persona con tricotilomanía siente un malestar importante originado por el propio trastorno.

Como todos los trastornos mentales del DSM, la tricotilomanía no debe poder explicarse mejor por ningún otro trastorno mental o enfermedad médica.

Efectos de la tricotilomanía
Personas afectadas de tricotilomanía.

Características

La prevalencia de la tricotilomanía se oscila que es de entre el 1 y el 2%. Afecta con mucha más frecuencia a mujeres respecto a hombres, en una proporción de 10:1 (en adultos). En niños, en cambio, la prevalencia se iguala entre niños y niñas.

El inicio más frecuente de la tricotilomanía es la pubertad. Su curso suele ser crónico, y de forma frecuente aparece de forma comórbida al TOC (Trastorno Obsesivo Compulsivo), al TDM (Trastorno Dismórfico Corporal), y al trastorno por excoriación (todos ellos también trastornos ubicados como “trastornos obsesivos compulsivos” en el DSM-5.

Por otro lado, un 68% de los casos diagnosticados de tricotilomanía, tienen algún familiar con un cuadro depresivo más o menos grave.

Causas

En relación a la etiología de la tricotilomanía, se piensa que existe cierta vulnerabilidad biológica en las personas que la padecen; se sabe, además, que hay una implicación de la corteza orbitofrontal y de los ganglios basales en dicho trastorno.

Además, la corteza orbitofrontal está relacionada con un patrón repetitivo de la conducta. También se han implicado las vías corticoestriadas, que se relacionan con alteraciones visoespaciales.

Por otro lado, se consideran los eventos estresantes (o el estrés en sí) como factores desencadenantes de la tricotilomanía (o de los episodios de la misma).

Dos autores, Greenberg y Sarner, hicieron alusión a la família y a las dinámicas familiares para explicar la etiología (o causas) de la tricotilomanía. Hablaron de tres componentes:

  • Presencia de una madre hostil, intolerante, agresiva y competitiva.
  • Presencia de un padre inhibido y ausente.
  • Existencia de relaciones madre-hija ambivalentes.

Finalmente, otra posible causa de la tricotilomanía a la que se ha hecho alusión, son los rasgos de personalidad borderline.

Tratamiento

Por suerte, la tricotilomanía se puede tratar, y no tiene por qué convertirse en un trastorno crónico. En cuanto a su tratamiento, se utilizan una serie de medidas psicológicas, que incluyen la terapia de conducta y la técnica de inversión del hábito, junto a medidas psicofarmacológicas complementarias (se utilizan antidepresivos ISRS [inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina]), clomipramina, ansiolíticos, antipsicóticos y litio).

Estos dos tipos de tratamientos (psicológico y farmacológico) se suman a una serie de medidas dermatológicas, que incluyen la administración de esteroides y antihistamínicos.

A nivel de eficacia en relación a la intervención psicológica, aunque la terapia de conducta se considere efectiva, existen pocos estudios al respecto; en cuanto a la técnica de inversión del hábito, existe un estudio controlado y aleatorizado que la avala como técnica eficaz.

Referencias bibliográficas

  • APA (2014). DSM-5. Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Madrid. Panamericana.

  • Belloch, A.; Sandín, B. y Ramos, F. (2010). Manual de Psicopatología. Volumen II. Madrid: McGraw-Hill.

  • Pérez, M.; Fernández, J.R.; Fernández, C. y Amigo, I. (2010). Guía de tratamientos psicológicos eficaces I y II.

  • Vallejo, M.A. (2012). Manual de Terapia de Conducta. Volumen II. Madrid: Dykinson.

Laura Ruiz Mitjana

Psicóloga

Graduada en Psicología por la Universitat de Barcelona, con Máster en Psicopatología Clínica Infantojuvenil por la Universitat Autònoma de Barcelona. Especializada en Trastornos del Neurodesarrollo. Actualmente trabaja como Psicóloga infantil en la Associació Catalana del Síndrome X Frágil. Autora del libro "Vivir de memoria" (Editorial Círculo Rojo, 2018). Redactora y divulgadora científica en Psicología y Mente y en MedSalud. Aficionada del deporte y la lectura.