Parálisis facial: qué es, causas, síntomas y tratamiento

Te explicamos por qué a veces la cara deja de funcionar correctamente.
Parálisis facial

La parálisis facial es un trastorno con múltiples causas, algunas de ellas enfermedades graves como los infartos cerebrales, y otras de un carácter más inocuo.

Este trastorno afecta aproximadamente a 70 personas por cada 100.000 habitantes cada año, causando malestar y preocupación. En algunos casos, la parálisis facial es irreversible sin el uso de cirugía.

Si te interesa saber cuáles son los motivos que causan este trastorno, en este artículo te explicamos por qué ocurre la parálisis facial, así como algunas de sus causas, síntomas acompañantes y tratamientos posibles para remediar esta aflicción.

¿Qué es la parálisis facial?

La parálisis facial es un trastorno que ocurre principalmente cuando alguno de los nervios que se encargan del control facial, como por ejemplo el nervio 7 (también llamado nervio facial), reciben daños que impiden su función normal, provocando entre otras cosas la disrupción de la actividad muscular de la cara, que se detecta fácilmente por las dificultades que el paciente presenta para hablar o comer, por ejemplo.

El nervio número siete es responsable del movimiento facial, así como también se encarga de controlar músculos protectores del canal auditivo, las glándulas lacrimales y las glándulas de la lengua que utilizamos para diferenciar los sabores. Dependiendo de la severidad del daño, una o varias de las funciones de este nervio pueden quedar afectadas.

Causas de este trastorno

La parálisis facial tiene múltiples causas, que podemos separar principalmente en aquellas que tienen que ver con los daños derivados de un infarto que afecte al nervio 7 y aquellas que no están causadas por infartos. Esta distinción es importante, ya que los infartos y microinfartos cerebrales, como el ictus, necesitan atención médica inmediata para minimizar los daños que puedan ocurrir durante el infarto.

Cuando hablamos de infarto, no necesariamente nos estamos refiriendo a problemas con el corazón. Un infarto es simplemente un proceso (como podría ser un trombo o coágulo obstructivo) que impide el correcto riego sanguíneo a un área del cuerpo, como el corazón o el cerebro. Cuando los tejidos no reciben la suficiente sangre, empiezan a deteriorarse por falta de oxígeno y nutrientes, así como por la acumulación de metabolitos de deshecho.

En los casos de parálisis facial no causada por infarto, los daños en el nervio ocurren después de que este haya salido del cerebro, en la parte baja del nervio. Existen diversas patologías que pueden explicar la parálisis facial sin necesidad de infarto:

1. Parálisis de Bell

La parálisis de Bell se llama así en nombre de Sir Charles Bell, un cirujano escocés del siglo 19, que descubrió que cortar el nervio facial 7 provoca la parálisis facial. La parálisis de Bell es un diagnóstico de descarte y se considera idiopático, es decir, de causa desconocida. En tiempos recientes las pruebas parecen apuntar a las infecciones víricas como causantes de la irritación en el nervio 7, que provocan la parálisis de Bell.

La parálisis de Bell aparece de forma súbita, afectando principalmente a un único lado de la cara, habitualmente acompañada de dolor de oído. Es más habitual que esta enfermedad ocurra en mujeres embarazadas, especialmente durante el tercer trimestre del embarazo o poco después de dar a luz.

Otras causas propuestas de la parálisis de Bell son enfermedades como el VIH, la enfermedad de Lyme -que está causada por la picadura de una garrapata-, infecciones del oído medio o la sarcoidosis, la inflamación de los nódulos linfáticos, en este caso los cercanos al nervio 7.

Por suerte, es habitual tener una recuperación completa al cabo de los meses tras el inicio de la parálisis de Bell, sin necesidad de intervención médica. Aun así, en algunos casos se recetan corticoides para disminuir la inflamación del nervio o medicamentos antivirales, si se sospecha de actividad vírica como la culpable de la parálisis.

2. Tumores

Los tumores son capaces de causar daños en el sistema nervioso. Dependiendo de su tamaño, localización y agresividad, los efectos nocivos del tumor variarán. Si el tumor se encuentra cerca del nervio 7, puede causar la parálisis de la cara.

Algunos de los tumores que causan parálisis facial son los que aparecen en las glándulas salivales, los neurinomas del nervio facial, el neurinoma del acústico, también conocido como schwannoma vestibular, que afecta al también al nervio auditivo, así como algunos tipos de neurofibromatosis.

La retirada del tumor en la mayoría de casos es necesaria para la mejoría de la parálisis facial. En algunos casos será necesaria la cirugía para reconstruir el nervio y recuperar la función normal del movimiento facial.

3. Parálisis Congénitas

En algunas ocasiones, los neonatos pueden presentar parálisis facial. En algunos casos de deben a daños que han ocurrido en el nervio facial durante el parto (por ejemplo, mediante el uso de fórceps), pero en otros casos se debe a trastornos específicos, como el síndrome de Moebius, donde los nervios necesarios para el movimiento facial, especialmente el relativo a los ojos, no se encuentran presentes o no son funcionales.

4. Infecciones

Hay evidencias de infecciones concretas que pueden causar parálisis facial. Entre ellas se encuentran, por ejemplo, los virus causantes de la mononucleosis o el herpes zoster o las bacterias causantes de la tuberculosis.

El síndrome de Ramsey-Hunt, por ejemplo, es una infección viral causada por el virus de la varicela zoster, que causa parálisis facial, dolor de oídos, pérdida de audición y vértigo, así como vómitos y náuseas. Se trata, como en el resto de casos de parálisis faciales mediadas por virus, con antivirales y corticosteroides para reducir la inflamación sobre los nervios.

5. Traumatismos

Existen principalmente dos tipos de traumatismos capaces de producir parálisis facial. Primero están aquellos que ocurren dentro del cráneo, los intracraneales, habitualmente causados por traumatismos capaces de fracturar el hueso temporal, como los que ocurren en accidentes de tráfico o por daños explosivos. Estos pueden tratarse con cirugía, especialmente si la parálisis ha ocurrido directamente después del accidente.

Luego estarían los traumatismos faciales, habitualmente causadas por un impacto penetrante, como el de un cuchillo o una bala. En ocasiones la parálisis desaparece por sí misma, pero dependiendo de su localización necesitará de cirugía urgentemente para poder reparar el nervio y mantener las funciones lo más intactas posible.

Nervio Facial

Síntomas habituales

Es importante saber diferenciar una parálisis facial causada por un infarto cerebral de una parálisis facial con otras causas menos urgentes. Sea como sea, si notas los síntomas típicos de la parálisis facial, lo más sensato es pedir auxilio a un médico de forma urgente, para que sea él quien determine la causa de la parálisis.

Cuando la parálisis no está causada por un infarto cerebral, observaremos qué:

  • Se pierde movimiento y función de todo un lado de la cara
  • Dificultad para controlar uno de los dos ojos
  • Incapacidad de expresar emociones en el lado afectado
  • No hay debilidad fuera de los músculos faciales
  • Dificultades para el habla, pero no severas
  • La cognición no está afectada
  • Hay dificultades para mantener la comida y la bebida en la boca

En cambio, cuando la parálisis está causado por un infarto, los síntomas cambian:

  • La parálisis no suele afectar a la frente
  • Debilidad en todo el lado afectado, como en manos y piernas además de la cara.
  • La ceja y el párpado superior mantienen su función
  • Existe la capacidad de sonreír involuntariamente, incluso con el lado afectado
  • Dificultad extrema para hablar
  • Dificultad de comprensión
  • Confusión e incluso pérdida de consciencia

Referencias bibliográficas

  • Kosins, A. M., Hurvitz, K. A., Evans, G. R., & Wirth, G. A. (2007). Facial paralysis for the plastic surgeon. The Canadian journal of plastic surgery = Journal canadien de chirurgie plastique, 15(2), 77–82. doi:10.1177/229255030701500203.
  • Baugh, R. F., Basura, G. J., Ishii, L. E., Schwartz, S. R., Drumheller, C. M., Burkholder, R., … Vaughan, W. (2013). Clinical Practice Guideline: Bell’s Palsy. Otolaryngology–Head and Neck Surgery, 149(3_suppl), S1–S27. https://doi.org/10.1177/0194599813505967.
Ana Torres Ruiz

Ana Torres Ruiz

Médico de cabecera

Ana nació en Girona en 1992. Es Graduada en Medicina por la Universitat de Barcelona y actualmente ejerce el periodo de residencia de su especialidad en Medicina Familiar. Colaboradora con MedSalud.com para compartir sus conocimientos médicos.