Las 5 diferencias entre el Alzheimer y la demencia

Estas dos enfermedades neurológicas suelen confundirse. Explicamos las semejanzas y diferencias.
Diferencias alzheimer y demencia

Cuando se envejece, el mayor miedo que se tiene es que se den problemas de memoria.

Es cierto que tener movilidad reducida o enfermedades graves del corazón no son algo deseable, pero las dolencias neurológicas son algo realmente crudo.

Enfermedades neurodegenerativas: Alzheimer y demencias

Nuestra memoria está hecha a base de experiencias, conocimientos, personas que hemos conocido y un montón de momentos que nos han generado tanto alegría como tristeza. Perder todo esto es perdernos a nosotros mismos y es como morir en vida.

El Alzheimer es ampliamente conocido por ser la causa de la pérdida de memoria de muchas personas, lo cual va empeorando con el paso de los años, disminuyendo la autonomía de las personas que la padecen.

En la sociedad, pese a que esta enfermedad se ha vuelto conocida, son muchas las personas quienes creen que sufrir una demencia y sufrir Alzheimer es lo mismo, pero no es así.

Ambos conceptos, como dolencias neurológicas que son, están relacionadas, pero presentan unas particularidades que las diferencia aunque sí que es cierto que comparten características.

Veamos cuáles son las diferencias entre la archiconocida enfermedad de Alzheimer y las demencias.

Relación entre demencia y enfermedad de Alzheimer

Cuando se habla de demencia, se hace referencia a un conjunto de signos y síntomas producidos por algún tipo de alteración cerebral, es decir.

Esta problemática ocasiona la pérdida de capacidades cognitivas, además de problemas en el estado de ánimo y en la conducta. Esto hace que la persona quien sufre una demencia no pueda llevar de forma independiente actividades cotidianas, dado que hay una pérdida de la autonomía y, con el tiempo, se necesita depender de familiares y otros cuidadores.

Las causas detrás de la demencia pueden ser varias, pero la principal es el sufrir la enfermedad de Alzheimer. El Alzheimer es una condición neurodegenerativa que entra dentro del paraguas de las demencias, junto con las demencias vasculares, la con cuerpos de Lewy y las frontotemporales.

Se calcula que una de cada diez personas mayores de 65 años padece algún tipo de demencia, siendo la más común la de Alzheimer, por este motivo no es extraño que ambos conceptos sean confundidos y, a veces tomados como sinónimos.

Principales diferencias entre estas condiciones neurológicas

A continuación veremos con mayor profundidad la relación entre las demencias, entendidas en su sentido más amplio, con respecto a la enfermedad de Alzheimer, mostrando todas las particularidades de la enfermedad que la destacan de otros tipos de demencias.

1. Síntomas

La demencia, como concepto amplio y que hace referencia a un síndrome, es definido por una serie de signos y síntomas comunes en las demencias, mientras que en el Alzheimer se da un conjunto de ellos de forma más específica.

Los síntomas de la demencia varían dependiendo de aquello que la causa, además de haber diferencias individuales en cuanto a la progresión del síndrome. Al principio pueden ser más leves, pero a medida que va pasando el tiempo puede haber un incremento en su gravedad.

A menudo, los primeros síntomas en las personas con demencia son problemas relacionados con la memoria, tales como descuidos y olvidos. Además, pueden haber problemas a la hora de orientarse en el tiempo y también perderse en lugares conocidos.

A medida que va progresando la demencia, los episodios de pérdida de memoria y la confusión aumentan. Resulta cada vez más difícil recordar nombres e imaginarse caras de personas conocidas.

En estadios más avanzados de las demencias puede ocurrir que la persona reformule preguntas que ya había hecho y que se le habían contestado, habiendo también una menor preocupación por la higiene personal y problemas en la toma de decisiones.

Además de estos síntomas, se da un declive de la capacidad de pensar y problemas para comunicarse.

En los casos más graves, la demencia impide que las personas puedan tener cuidado de sí mismas, además de darse problemas emocionales tales como agresividad y depresión.

El primer síntoma del Alzheimer suele ser el de los problemas de memoria, como en la mayoría de las demencias. Se presentan dificultades para acordarse de acontecimientos y de conversaciones recientes.

La persona también puede manifestar un menor interés por actividades que antes le interesaban.

A medida que va pasando el tiempo, la enfermedad de Alzheimer se vuelve cada vez más notoria, incrementándose los episodios confusionales y problemas de planificación.

En las últimas etapas de la enfermedad, se registran síntomas graves como agresividad, depresión, incontinencia urinaria, alucinaciones, problemas para hablar, dificultad al deglutir, pérdida de salud física y habilidades motoras disminuidas.

2. Causas

A medida que uno va haciéndose mayor, es más probable que sufra algún tipo de demencia. La edad es un factor de riesgo para desarrollarlas, pero no es el único.

Algunos factores de riesgo de la demencia se pueden controlar, como lo es fumar, tener sobrepeso o no realizar suficiente actividad física. La dieta también ha sido asociada a tener un mayor riesgo de sufrir problemas cognitivos en la vejez.

Otros aspectos de más difícil control que influyen en el desarrollo de una demencia son las infecciones víricas, como lo sería el tener el VIH, enfermedades vasculares, como los accidentes cerebrovasculares, diabetes, presión arterial y colesterol alto, enfermedad de Parkinson, síndrome de Down, esclerosis múltiple, depresión y el abuso de sustancias. La enfermedad de Alzheimer parece ser la causa del 75% de los casos de demencia.

La causa exacta del Alzheimer se desconoce, aunque al igual que con el resto de demencias, la edad es un factor de riesgo. También, el tener un familiar directo con el diagnóstico de esta enfermedad y ser mujer incrementan la probabilidad de padecerla.

Algunos factores que influyen en la progresión de la enfermedad son el tener un bajo nivel cultural premórbido, tener hábitos alimenticios peligrosos para la salud cardíaca y una vida sedentaria.

3. Efectos en el cerebro

En la enfermedad de Alzheimer, los daños en el cerebro pueden haberse iniciado varios años antes de que se lleguen a manifestar los primeros síntomas.

En esta enfermedad, se van acumulando depósitos de proteínas anormales las cuales forman placas y ovillos neurofibrilares. Además, las conexiones entre las neuronas se ven perjudicadas, desapareciendo progresivamente y las células cerebrales se van muriendo. Debido a esto, el cerebro va “secándose” y “estrechándose”.

En el caso de la demencia, como concepto que sirve de paraguas y en el que se incluyen enfermedades neurodegenerativas tales como el propio Alzheimer, el Parkinson, demencias de Cuerpos de Lewy… Los daños sobre el cerebro pueden ser varios.

4. Mortalidad y esperanza de vida

En el caso del Alzheimer, esta enfermedad suele ser lo que acaba provocando la muerte de la persona que la padece, mientras que en el caso de la demencia, esta condición neurológica no tiene por qué ser la causa directa de la muerte.

La esperanza de vida tras el diagnóstico de Alzheimer es de unos diez años.

5. Tratamiento

En muchos casos, la demencia no es reversible. No obstante, hay diversos tratamientos que pueden enlentecer su progreso y paliar los síntomas que ya se hayan manifestado.

En muchas ocasiones, tratar problemas que ya manifestaba la persona, como hipoglucemia, tumores, desórdenes metabólicos o dejar las drogas sirve como tratamiento para la propia demencia.

En el caso particular de la enfermedad de Alzheimer, cabe decir que no hay ningún tratamiento que permita curar esta condición, pero sí hay formas de retrasar su progresión y evitar que la afectación en la vida cotidiana de la persona se dé pronto.

Los fármacos utilizados en la enfermedad de Alzheimer se dirigen a tratar los problemas conductuales y la propia falta de memoria. antipsicóticos, inhibidores de la colinesterasa, rivastigmina y memantina.

También se utilizan algunos tratamientos menos convencionales, tales como aceite de coco y aceite de pescado.

En caso de que haya alteraciones en el sueño y problemas del estado anímico, también se puede optar por la opción farmacológica en su tratamiento.

Referencias bibliográficas

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  • Olazarán, J. y Muñiz, R. (2009). Mapa de Terapias No Farmacológicas para Demencias Tipo Alzheimer. Guía de iniciación técnica para profesionales. Fundación Maria Wolff y International Non Pharmacological Therapies Project.
  • Förstl, H. & Kurz, A, (1999). Clinical features of Alzheimer's disease. European Archives of Psychiatry and Clinical Neuroscience 249(6): 288-290.
  • Waring, S.C. & Rosenberg, R.N. (2008). Genome-wide association studies in Alzheimer disease. Arch. Neurol. 65(3): 329-34.

Nahum Montagud es graduado en Psicología con mención en Psicología Clínica por la Universidad de Barcelona. Además, posee un Postgrado de Actualización de Psicopatología Clínica en la UB.