Líquido cefalorraquídeo (LCR): funciones y patologías asociadas

Este líquido es fundamental para que el sistema nervioso funcione correctamente.
Líquido cefalorraquídeo

Todo el mundo sabe que el cerebro se encuentra situado dentro del cráneo, el cual, junto con las meninges, le ofrecen protección de agentes externos, tanto físicos como químicos.

Sin embargo, lo que no todo el mundo conoce es que tanto el encéfalo como la médula espinal se mantienen en su buen funcionamiento gracias a la existencia de un líquido que, al igual que con el cráneo, le da protección y le ofrece, además, nutrientes.

Esta sustancia es el líquido cefalorraquídeo, una sustancia que desempeña un papel muy importante para la salud del sistema nervioso e impide que nuestro más preciado órgano, el cerebro, se vea gravemente dañado por diferentes factores. Veamos en más profundidad de qué se trata este líquido.

¿Qué es el líquido cefalorraquídeo?

El líquido cefalorraquídeo, también llamado líquido cerebroespinal, es una sustancia que se encuentra en el sistema nervioso, tanto a nivel cerebral como en la médula espinal. este líquido adquiere una gran importancia para el correcto funcionamiento del sistema nervioso, dado que le ofrece protección, nutrición, mantiene la presión intracraneal, además de evitar que el cerebro se dañe por su propio peso.

El líquido cefalorraquídeo se encuentra especialmente en el espacio subaracnoideo, es decir, entre las meninges aracnoides y piamadre, y también en los ventrículos cerebrales. Su composición es similar a la del plasma sanguíneo, dado que de él se deriva.

Normalmente, y debido a su composición, no tiene color, sin embargo, su tonalidad puede cambiar si deja de encontrarse en estado sano, sobre todo si se ha dado algún tipo de infección o hemorragia a nivel del encéfalo.

Ciclo de producción

El trayecto del líquido cefalorraquídeo empieza en los plexos coroideos. Estas estructuras se encuentran en los ventrículos laterales cerebrales y tienen como principal función la de elaborar esta sustancia. La síntesis de líquido cefalorraquídeo se da de forma constante, dado que es de fundamental importancia que se mantenga una adecuada cantidad de esta sustancia en el sistema nervioso.

Una vez el líquido ha sido fabricado, parte de los ventrículos laterales hasta llegar al tercer ventrículo y, posteriormente, llega hasta el cuarto a través del acueducto de Silvio. Es en el cuarto ventrículo donde se proyecta hacia el espacio subaracnoideo, entrando por varios agujeros, concretamente el orificio de Magendie y los orificios de Luschka. Estas oberturas se encuentran en el cuarto ventrículo cerebral y conecta el sistema ventricular con el meníngeo.

El líquido cefalorraquídeo viaja por el espacio subaracnoideo para llegar a todo el sistema nervioso central, realizando diferentes funciones en su trayecto. Posteriormente, esta sustancia es reabsorbida a través de las granulaciones aracnoideas y por las venas, a través de las cuales es reciclada e ingresada en el torrente sanguíneo. Todo este proceso dura aproximadamente unas tres horas.

Composición nutricional

El líquido cefalorraquídeo es una solución acuosa que tiene una composición similar a la del plasma sanguíneo.

Se diferencia del plasma por el hecho de presentar una cantidad muy ínfima de proteínas, además de tener otros tipos de electrolitos, aunque con los mismos niveles de sodio. Entre los componentes presentes en el líquido cefalorraquídeo se encuentran vitaminas, especialmente del tipo B, leucocitos, colina, aminoácidos y ácido nucleico.

La principal proteína que se puede encontrar en el líquido cefalorraquídeo es la albúmina, junto con otros componentes proteicos como la prealbúmina, la alfa-2-macroglobulina y la transferrina. Sin embargo, el componente más común es la glucosa, encontrándose en porcentajes entre el 50% y el 80%.

Funciones principales

El líquido cefalorraquídeo es una sustancia de vital importancia, ya que cumple una serie de funciones que garantizan que el sistema nervioso trabaja de la forma más óptima. A continuación veremos las cinco principales.

1. Flotabilidad

El cerebro humano tiene una masa que oscila entre los 1400 y 1500 gramos. No obstante, su peso relativo va de entre 25 y 50 gramos gracias a que flota en el líquido cefalorraquídeo.

Esta función es muy importante, dado que es la que impide que la parte inferior del cerebro se vea dañada por su propio peso, además de evitar que el flujo sanguíneo cerebral se vea afectado.

2. Protección

El líquido cefalorraquídeo protege al encéfalo y la médula espinal de golpes externos, actuando como si fuera un amortiguador.

3. Presión craneal

En función de la cantidad de líquido que se encuentre en el cráneo, habrá mayor o menor presión sobre el cerebro.

Así pues, siempre y cuando se mantenga a unos niveles óptimos, esta sustancia puede desempeñar un papel muy importante en la prevención de isquemias, reduciendo la presión cerebral y facilitando la perfusión de sangre.

4. Homeostasis y nutrición

Una de las grandes funciones que posee este líquido es la de asegurarse de que el sistema nervioso se encuentra bien nutrido. Así pues, regula los niveles de hormonas, nutrientes y pH en el cerebro para evitar que se den déficits y fallos orgánicos a nivel nervios.

5. Eliminación de residuos

Por último y no menos importante, el líquido cefalorraquídeo tiene un papel fundamental a la hora de ‘sanear’ el sistema nervioso.

Nuestro cerebro se mantiene en constante funcionamiento, lo cual implica también que esté constantemente produciendo residuos. Si estos residuos no son debidamente eliminados se puede acumular y, posteriormente, intoxicar al sistema nervioso.

El líquido cefalorraquídeo se encarga de captar estas sustancias para que puedan ser debidamente excretadas y así evitar que el sistema nervioso se vea dañado.

Patologías asociadas

De la misma manera que un líquido cefalorraquídeo sano es muy importante para mantenerse en buenas condiciones orgánicas, su mala síntesis o infecciones en él implican problemas de salud de distinta gravedad. A continuación veremos cuatro problemas de salud relacionados con esta sustancia.

Los dos primeros trastornos están directamente relacionados con una mala producción de líquido cefalorraquídeo, mientras que los dos últimos no se deben a un exceso o déficit de esta sustancia, pero sí que el líquido tiene un papel importante a la hora de realizarse el diagnóstico de estas enfermedades.

1. Hidrocefalia

La hidrocefalia implica que haya un exceso de líquido cefalorraquídeo dentro del cráneo, lo cual conlleva a un incremento en la presión física sobre el cerebro. Las causas detrás de la aparición de esta condición médica pueden ser varias, como tumores, infecciones o traumatismos, además de obstrucciones en orificios como el de Magendie. Existen casos de hidrocefalias que son congénitas, ya surgidas desde el nacimiento y cuya causa es genética.

Las personas con hidrocefalia sufren de dolores de cabeza, deterioro cognitivo, problemas en la coordinación, visión doble, mareos y vómitos. Si es congénita, se debe ir con especial cuidado y vigilar cómo se desarrolla el niño, dado que puede haber afectación en el aprendizaje.

Entre los tratamientos que se disponen para hacerle frente a la hidrocefalia está el uso de fármacos que actúen sobre la infección o, en caso de que se deba a un tumor u obstrucción, la intervención quirúrgica.

2. Hipertensión e hipotensión craneal

El líquido cefalorraquídeo tiene como función destacada la de regular la presión que se ejerce sobre el cerebro. Sin embargo, si hay demasiado líquido se da la hipertensión craneal, mientras que si hay demasiado poco, hablamos de hipotensión.

Es especialmente perjudicial la hipertensión, es decir, la demasiada presión sobre el cerebro, dado que se puede dañar a esta estructura tan importante para la supervivencia del organismo. La gravedad puede ser tal que se dañen partes del tejido cerebral, matándolas.

3. Enfermedad de Alzhéimer

El líquido cefalorraquídeo puede contener biomarcadores que informan sobre la salud del cerebro. En la enfermedad de Alzhéimer, si bien la beta amiloide (Aβ) total no difiere de forma significativa en comparación con personas sanas, sí que se dan unos niveles de Aβ42 menores.

Se cree que esto es así porque se va acumulando en forma de placas en el cerebro y, por lo tanto, se encuentra en disperso en menor cantidad en el líquido cefalorraquídeo.

Los niveles de tau, tanto totales como la en estado fosforilizado, se encuentran incrementados en el líquido cefalorraquídeo.

4. Enfermedad de Creutzfeldt-Jakob

El biomarcador más utilizado para diagnosticar la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob (ECJ) es la proteína 14-3-3. Este tipo de proteínas se encargan de desempeñar funciones que tienen que ver con la regulación de las células. Si la proteína 14-3-3 se encuentra en grandes niveles en un paciente con signos de demencia con una duración menor a los dos años es considerado un indicador fuerte que se padece ECJ.

Esta misma proteína se encuentra incrementada en pacientes quienes han sufrido accidentes cerebrovasculares, encefalitis y otros problemas en los que se da un daño extenso en el cerebro.

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Nahum Montagud es graduado en Psicología con mención en Psicología Clínica por la Universidad de Barcelona. Además, posee un Postgrado de Actualización de Psicopatología Clínica en la UB.