¿Cómo nos afecta el cambio de hora a nivel físico y psicológico?

Varias veces al año hay cambio de horario, y esto puede afectarnos más de lo que parece.
Cómo afecta el cambio de hora

La mayor parte de lo que hacemos y lo que sentimos está fuertemente influido por nuestras rutinas del día a día.

Eso no solo incluye nuestras acciones y hábitos, sino que también comprende los entornos por los que solemos movernos y los estímulos a los que nos exponemos de manera cotidiana. Y por ello, algo tan simple como el cambio de hora puede llegar a afectarnos psicológicamente.

Ajustar los relojes para que se adapten al nuevo horario no solo implica alargar o acortar nuestro día; también supone tener que adaptarnos física y mentalmente a un cambio que nos afecta constantemente, los 7 días de la semana.

Aunque por sí solo no acostumbra a causarnos un gran malestar, conviene tenerlo en cuenta para que no se sume a otros focos de estrés y cansancio en nuestro día a día. Veamos de qué manera podemos identificar estas formas variadas en la que el cambio de hora nos afecta.

La importancia del ritmo circadiano

Para entender por qué el simple cambio de hora nos afecta psicológicamente, es necesario saber qué es el fenómeno conocido como ritmo circadiano.

Ritmos circadianos

Se trata del conjunto de procesos fisiológicos y metabólicos que permiten que nos adaptemos a los diferentes momentos del día, dependiendo del grado de activación que nos resulte más útil en cada momento.

De esta manera, en la mayoría de las personas el ritmo circadiano hace que pocas horas después de despertar tengamos mucha energía disponible, llegando al pico de activación alrededor del mediodía y las primeras horas de la tarde. Luego, a medida que nos adentramos en el atardecer, vamos desactivándonos poco a poco, siéndonos más fácil relajarnos, y al anochecer nos entra el sueño.

Por otro lado, el ritmo circadiano no es totalmente independiente del momento del día en el que nos despertemos, porque contribuye a que con la falta de luz vayamos desactivándonos poco a poco, y que con la luz directa del sol nos activemos mucho. Esto lo consigue principalmente a través de la melatonina, una hormona que es segregada cuando nos exponemos a la oscuridad o a entornos tenues.

¿Y por qué nuestro ritmo circadiano sigue esta progresión, y no cualquier otra? Principalmente, porque hemos evolucionado para que tenga estas características, ya que de esta manera nos ayuda a sobrevivir y a adaptarnos mejor a nuestro ritmo de vida. Si la evolución nos hubiera llevado a ser especies nocturnas, el ritmo circadiano sería totalmente diferente, pero por nuestros rasgos nos resulta más fácil adaptarnos a la vida diurna, y nuestros sistemas fisiológicos actúan en consecuencia de manera innata.

¿Cómo nos afecta el cambio de hora?

Ahora que ya hemos visto cuáles son los fundamentos biológicos del ritmo con el que funcionamos, veamos cómo nos influye psicológicamente el cambio de hora.

El impacto psicológico de salir del trabajo y que sea de noche

En muchos casos resulta frustrante salir del trabajo y que ya esté anocheciendo, tal y como pasa con el cambio de hora que precede a la llegada del invierno. En el caso de España, la preeminencia del horario partido de trabajo hace que mucha gente pase en la oficina las horas en las que hay luz solar.

Pero más allá del estado de ánimo que genere en nosotros pasar la mayor parte del tiempo libre con luz tenue, también hay que tener en cuenta cómo afecta a nuestra propensión a aprovechar el tiempo.

La llegada de la noche nos indica que lo que haremos a continuación es prepararnos para dormir. Esto es así tanto por motivos biológicos (el cambio en los niveles de melatonina) como por los hábitos diurnos de la mayoría de las personas: la noche se asocia a la inactividad y al descanso.

Por eso, aunque técnicamente el día disponga de las mismas 24 horas, con este cambio de hora nos volvemos más propensos a ver la tarde y el atardecer como una pendiente resbaladiza que nos conduce hacia la cama; es decir, un marco temporal en el que no tiene tanto sentido empezar a hacer algo que requiera esfuerzo, toma de decisiones y creatividad.

Se rompe la rutina del sueño

El otro principal efecto que el cambio de hora tiene en nosotros ocurre independientemente de si nos ajustamos al horario de invierno o al de verano.

Se trata de una ruptura con la rutina de sueño, aunque no uno radical, porque a fin de cuentas solo hemos avanzado o atrasado una hora nuestras actividades. Pero en algunos casos, esto puede ser suficiente para tener problemas para conciliar el sueño cuando toca o para despertarse a la hora necesaria para tener tiempo de ir a trabajar.

Este problema se da sobre todo en niños, niñas y personas de edad avanzada, dado que esta parte de la población presenta una especial sensibilidad al cambio de hora.

En cualquier caso, normalmente estos problemas desaparecen en cuestión de pocos días, y raramente se prolongan durante más de una semana.

¿Qué hacer?

Como hemos visto, en la mayoría de los casos el simple paso del tiempo es suficiente para que se desvanezcan los posibles desajustes que se producen en nuestro cuerpo a causa del cambio de hora. Sin embargo, en algunos casos se puede cronificar el malestar, especialmente si ya veníamos experimentando problemas para dormir desde antes, o si sufrimos desgaste laboral.

En estos casos, lo más recomendable es buscar ayuda en psicólogos y médicos, para que sea más fácil adoptar unos hábitos de vida adecuados.

Referencias bibliográficas

  • Antle, M.C.; Silver, R. (2009). Neural basis of timing and anticipatory behaviors. The European Journal of Neuroscience. 30(9): pp. 1643 - 1649.
  • Benloucif, S.; Guico, M.J.; Reid, K.J.; Wolfe, L.F.; L'hermite-Balériaux, M.; Zee, P.C. (2005). Stability of melatonin and temperature as circadian phase markers and their relation to sleep times in humans. Journal of Biological Rhythms. 20 (2): pp. 178 - 88.

Tomás Santa Cecilia es psicólogo, consultor, formador y Director de CECOPS Centro de Consultoría Psicológica, en la ciudad de Madrid.

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