Los 5 tipos de estrés (y sus causas y síntomas principales)

Explicamos cómo se puede clasificar esta psicopatología tan común.
Tipos de estrés

Todo el mundo padece estrés en algún momento de su vida. Este estado emocional implica, de acuerdo a la definición popular, cansancio mental causado por tener que hacerle frente a situaciones que nos desbordan.

Así pues, presentado de esta forma, se entiende que el estrés es algo negativo, que nos puede desgastar si se da con mucha frecuencia y en tiempo prolongado.

Sin embargo, ¿es todo estrés es malo? ¿puede ser el estrés beneficioso? ¿su duración tiene algo que ver? Estas son algunas de las preguntas que vamos a responder en este artículo hablando de los diferentes tipos de estrés que hay y sus causas.

Tipos de estrés: características, causas y síntomas

Cuando clasificamos el estrés podemos hacerlo en base a dos criterios. En función de su signo y, por tanto, si es beneficioso o perjudicial para la salud de la persona, y en función de su duración en el tiempo.

1. En base a su signo

El estrés puede ser positivo o negativo.

1.1. Estrés positivo o eustrés

Pese a que popularmente el término ‘estrés’ es considerado como sinónimo de algo negativo y poco deseable lo cierto es que, en dosis adecuadas, adquiere una finalidad adaptativa.

El estrés positivo o eustrés surge cuando la persona se encuentra bajo presión, pero la situación que lo genera implica algún tipo de beneficio para la persona. Por este motivo la persona acepta esta presión sobre ella.

Esto hace que la persona se encuentre motivada y con mucha energía, haciendo que siga adelante sin parar y estando satisfecha mientras lo realiza.

Un ejemplo de ello son las actividades deportivas, como ir en bicicleta subiendo una cuesta. En esta situación, se siente el estrés de tener que seguir pedaleando y, así, lograr completar la subida la cual, como consecuencia positiva, hace que se liberen endorfinas que ofrecen bienestar psicológico y físico para la persona.

1.2. Estrés negativo o distrés

El estrés negativo, también llamado distrés, es lo que se corresponde con la definición común de lo que se entiende por estrés. Se da en situaciones en las que se anticipa que algo malo va a ocurrir o que no se va a poder controlar la situación que se viene encima.

El estrés negativo, especialmente si se da en períodos largos de tiempo, implica que uno quede totalmente afectado en su correcto desempeño diario, desorganiza la rutina e imposibilita ver con claridad de qué recursos se dispone para hacer frente a situaciones que normalmente son fácilmente solucionables.

Así pues, este tipo de estrés implica emociones negativas, acorde con su signo: tristeza, amargura, depresión, angustia, ira, enfado… Además, puede implicar la aparición de patologías, tanto a nivel físico como psicológico.

Estrés

2. En base a su duración

El primer criterio para determinar qué tipos de estrés existen es la duración de los síntomas.

2.1. Estrés agudo

Se trata del tipo de estrés más común y se da ante presiones puntuales. En el día a día surgen exigencias que son perfectamente normales, las cuales pueden ser autoimpuestos o debidas a requerimientos que los demás piden que se cumplan.

Si se da en pequeñas dosis y sin mucha frecuencia, puede cumplir una función positiva, dado que mantiene a la persona activa, permitiéndole tener la motivación suficiente para cumplir sus objetivos y ofrecer algo de esfuerzo en su consecución.

Sin embargo, si va a más, puede haber repercusiones negativas en el organismo, tanto a nivel mental como físico, aunque no de una forma permanente. Entre las principales señales de estrés agudo se encuentran:

  • Dolores musculares: especialmente en la espalda y contracturas.
  • Emociones negativas: depresión, ansiedad, miedo, angustia, irritabilidad...
  • Problemas gastrointestinales: náuseas, estreñimiento, acidez, diarrea, dolor abdominal.
  • Tensión en el sistema nervioso: presión sanguínea incrementada, insomnio, palpitaciones, sudoración y migrañas.

2.2. Estrés agudo episódico

El estrés agudo episódico suele ser el tipo de estrés por el que más se va a consulta. Las personas que lo padecen tienen unas exigencias que, en la práctica, son poco realistas o están fuera de su alcance, algo que las frustra y agobia.

Así pues, las personas que sufren este tipo de estrés pueden entrar en una espiral de asunción de responsabilidades, marcada por una vida desorganizada y la percepción de que se vive en una crisis continua.

Se muestran como personas irritadas, que siempre están a la defensiva, con un carácter agrio y muy nervioso. Suelen culpar a los demás de sus propios problemas.

Además, están muy angustiadas debido a que desean tener el control sobre todas las variables de su vida pero ven que no pueden hacerlo.

Como resultado de no poder controlar todos los aspectos de su vida se muestran excesivamente preocupadas por el futuro.

Las personas que sufren de estrés agudo episódico se pueden mostrar tan tensas que rehúsan a ir a un profesional de la salud mental dado su constante estado de tensión y hostilidad.

2.3. Estrés crónico

Este es el tipo de estrés más perjudicial, dado que es de larga duración. También genera un alto nivel de desesperanza, haciendo que se llegue a modificar toda la escala de valores y creencias de la persona que lo padece.

Aparece en situaciones poco favorecedoras, en las que las desgracias abundan, como lo son las guerras, la pobreza extrema, vivir en una cárcel y otros contextos en donde se está en constante estado de alerta.

También se puede dar al haber tenido una infancia especialmente traumática, en la que abundaban los abusos de todo tipo o se vivió en una situación poco favorecedora.

Las personas que sufren estrés crónico viven en constante desgaste físico y emocional, además de padecer sus correspondientes secuelas de por vida.

Cabe decir que, pasado mucho tiempo, el hecho de padecer estrés puede convertirse en una parte importante de la identidad de la persona, lo cual puede hacer que sienta que si se la quita de encima pierde parte de sí misma.

Por ello pueden ser menos conscientes de su problema real y evitan ir a consulta para tratar su malestar. Lamentablemente, quiera o no la persona deshacerse de su estrés, este estado de malestar crónico implica seria afectación en su vida.

A la larga, el estrés crónico acaba matando a la persona, ya sea en forma de ataque al corazón, apoplejía, cáncer o, simplemente, porque la persona se suicida.

Factores de riesgo

Las causas detrás del estrés son varias, pero se pueden clasificar en base a dos grandes categorías; agentes psicológicos y agentes ambientales, los cuales actúan de forma combinada en la aparición y gravedad del estrés.

Agentes psicológicos o internos

Existen distintas causas y circunstancias, internas y externas, que pueden precipitar un episodio de estrés.

Vamos a empezar hablando de los agentes psicológicos o internos.

1. Locus de control interno vs. externo

El locus de control hace referencia a la causalidad que se atribuye a diferentes sucesos que nos suceden en nuestro día a día.

Hablamos de locus de control interno cuando la persona considera que lo que le ha sucedido ha sido debido a algo que ella ha hecho, mientras que el locus de control es externo cuando la persona atribuye como causa algo que está fuera de su control.

En la mayoría de los casos, las personas que tienen un locus de control más externo suelen presentar mayores niveles de estrés. Esto es debido a que, al tener la percepción subjetiva de que lo que les pasa está fuera de su control, sienten una gran indefensión que les genera alto malestar.

2. Introversión

Las personas más introvertidas, es decir, tímidas, son sensibles a situaciones en las que se puede generar estrés. Suelen encerrarse más en sí mismas en vez de hacerle frente a una situación concreta.

3. Predisposición a la ansiedad

Hay personas que tienen tendencia a sentirse inquietas ante situaciones de incertidumbre. Debido a ello, inconscientemente y sin una causa necesariamente clara, pueden vivir con más facilidad una situación de estrés.

Agentes ambientales o externos

Existen también factores externos que pueden incrementar las posibilidades de sufrir estrés.

1. Fin de una época

A lo largo de la vida, son muchos los momentos en que se termina un período vital, como, por ejemplo, acabar los estudios, romper con la pareja, dejar de vivir en casa de los padres…

El finalizar este tipo de ciclos lleva consigo la suspensión de la rutina y, por lo tanto, la aparición de un vacío en el lugar en donde se ésta se encontraba.

Todo final es el principio de algo y es aquí cuando surge el miedo a lo desconocido, el no saber si se va a adaptar a la nueva situación, lo cual puede generar malestar en forma de estrés.

2. Cambios en el día a día

La rutina es algo que da estabilidad a nuestra vida. Son muchas las personas que necesitan una vida estructurada para poder dar lo máximo de sí mismas.

Sin embargo nada en este mundo es perfecto y los horarios pueden verse afectado porque ocurra un imprevisto, lo cual genera incertidumbre y, consecuentemente, estrés.

3. Enfrentarse a algo que no parece que vaya a cambiar

A veces hay situaciones en que no parece que se pueda ejercer ningún tipo de influencia para que se dé un cambio. Ejemplos de ello es el vivir en una familia extremadamente disfuncional, una guerra o ser víctima de abusos en la infancia.

Aunque se pueda solucionar la situación por sí sola, la persona difícilmente podrá ejercer cambio alguno sin ponerle mucho empeño ni tener los adecuados recursos.

Es por ello que al vivir en este tipo de situaciones se vive en un constante estado de desbordamiento, lo cual genera mucho malestar y desgaste psicológico.

Referencias bibliográficas

  • Cano, A. (2002). La Naturaleza del Estrés. IV congreso internacional de la Sociedad Española para el estudio de Ansiedad y Estrés. Madrid: SEAS.
  • Hüther, Gerald (2012). Biología del miedo. El estrés y los sentimientos. Barcelona: Plataforma Editorial.
  • Sandín, B. (1999). Estrés psicosocial. Madrid: DOPPEL.
  • Wulf Saur. (2012). Enfermedades asociadas al puesto de trabajo. Biomedical Therapy

Nahum Montagud es graduado en Psicología con mención en Psicología Clínica por la Universidad de Barcelona. Además, posee un Postgrado de Actualización de Psicopatología Clínica en la UB.