Distimia: definición, causas, síntomas y tratamiento

Este trastorno del estado del ánimo puede mermar significativamente la capacidad para tener una vida feliz.
Distimia

La depresión mayor es un trastorno que, por su capacidad para reducir la calidad de vida y por su creciente prevalencia, ha sido objeto de un enorme interés por parte de la comunidad científica.

No obstante, no es el único problema de salud mental que se manifiesta en forma de ánimo deprimido. Otras patologías, como la distimia o el trastorno adaptativo, también cursan con tristeza y deterioro en la capacidad para sentir placer.

En este artículo abordaremos la realidad de la distimia, la cual a menudo pasa inadvertida o es poco comprendida por el entorno, pero que puede limitar la capacidad para vivir una vida feliz y significativa.

¿Qué es la distimia?

La distimia es un trastorno esquivo del estado de ánimo. Quienes lo sufren refieren haberse sentido tristes durante mucho tiempo, hasta tal punto que semejante forma de vivir llegó a inmiscuirse en la percepción que tienen sobre sí mismos. No es extraño que, al indagar con más profundidad en este sentimiento, surja la creencia de que realmente no se trata de un trastorno como tal, sino de un elemento básico de la personalidad que ha estado presente durante "toda la vida".

En sentido estricto, la distimia es un estado anímico depresivo cuya duración se extiende durante dos años o más, pero cuya intensidad no es suficiente para considerarse depresión mayor. En los adolescentes puede expresarse como irritabilidad o enfado, y únicamente se requeriría de un año para la certificación diagnóstica.

Esta última circunstancia, por otra parte, puede quedar opacada desde el prisma del entorno familiar (al asociarse a los afectos “normales” de la edad).

Las personas que padecen distimia, además de sentirse tristes o azoradas, pueden referir otros síntomas. Indican a menudo alteraciones en procesos fisiológicos como el sueño o el hambre, por exceso o déficit.

La autoestima y las expectativas en lo referente al porvenir se muestran también dañadas, emanando un sentimiento de desesperanza que conduce a la apatía y la inmovilidad. Todo ello tiene un impacto obvio sobre la capacidad para tomar decisiones.

La sintomatología distímica es muy resistente al cambio, por lo que la persona no responde ante las circunstancias positivas de su vida de un modo congruente con ello, ni percibe que su tristeza se reduzca de un modo significativo por periodos de tiempo que excedan los dos meses. En cualquier caso, la patología genera un menoscabo en la funcionalidad de áreas que la persona valora como importantes, por lo que acaba sintiéndose progresivamente más insatisfecha y desdichada.

¿Cuáles son las diferencias entre la distimia y la depresión mayor?

El diagnóstico de distimia requiere que no se haya atravesado, en otro momento previo de la vida, por un estado afectivo que cumpla los criterios diagnósticos de la depresión mayor.

En ese caso podría considerarse como una expresión residual y subclínica, pero no como un problema independiente. No obstante, las personas que viven bajo el yugo de la distimia tienen también un riesgo más alto de padecer depresión en el futuro, circunstancia bautizada con la etiqueta de depresión doble.

Pese a que se trata de trastornos del estado de ánimo distintos en su esencia, se conocen elementos compartidos que inducen a cierta confusión. Los más relevantes serían el propio humor negativo y las dificultades para dormir, pero también la sensación acuciante de fatiga y el bloqueo en funciones ejecutivas como la concentración. Tales comunalidades pueden contribuir a un diagnóstico impreciso, lo que afectaría de forma directa al pronóstico de la situación.

Procedemos a indicar los principales aspectos diferenciales entre una y otra, con el objeto de arrojar una mayor claridad sobre sus puntos discrepantes y contribuir a su identificación.

1. Antecedentes familiares

La depresión mayor es un trastorno del estado de ánimo que ha demostrado un componente genético importante.

Así, ciertos estudios han detectado que hasta el 30% de las personas que la padecen tienen al menos un familiar de primer grado que también la sufrió en algún momento de su pasado. No obstante, en estos casos permanece la duda sobre otros posibles mecanismos de transmisión implicados, como el propio aprendizaje por observación (que se desarrolla en el escenario de la familia).

La distimia, en cambio, suele asociarse a unas tasas más bajas de concordancia familiar, por lo que los factores hereditarios podrían no ser tan relevantes como lo son en la depresión.

2. Forma de inicio

La depresión es una respuesta emocional que emerge ante la presencia de una circunstancia adversa en la vida. Lo más común es que originalmente adoptara la apariencia de una emoción legítima (como la tristeza), que se viera sucedida por una notable reducción de la participación en actividades agradables. Este cambio sobre las dinámicas de lo cotidiano se traduciría en un cúmulo de nuevas pérdidas, de más discreta magnitud por separado, pero con un devastador efecto acumulativo.

La distimia, en cambio, no tiene una causa tan fácilmente identificable. Cuando se indaga en la historia de vida de la persona, no se puede localizar un hecho puntual a partir del cual se acabará moldeando el trastorno. La sensación es que este se construyó de forma insidiosa, silente pero acechante, limitando el desarrollo tanto individual como social. Por todo ello, su presencia resulta menos llamativa para quien convive con ella, aunque igualmente erosiva.

3. Edad de inicio

Mientras que la depresión mayor suele ser un trastorno cuyo inicio se da en la edad adulta, generalmente con posterioridad a los 25 años, la distimia tiene su origen en una fase mucho más temprana. Al instaurarse sobre el sistema nervioso en un periodo de mayor plasticidad, cuando se cimienta la autoimagen, promueve la aparición de problemas secundarios que se enraizan firmemente en el sustrato más básico de la personalidad.

4. Evolución

La depresión mayor es un trastorno que tiende a la recurrencia, de modo que la mayor parte de quienes lo sufrieron en el pasado volverán a vivirlo en el futuro. No obstante, cada uno de estos episodios agudos suele estar mediado por un periodo temporal más o menos extenso en el que se recupera un estado de equilibrio afectivo, pese a que se sigue conservando cierta vulnerabilidad para las recaídas ante situaciones de riesgo.

La distimia, en cambio, se mantiene estable a lo largo de los años. La persona la vivencia como un aplanamiento persistente y regular de la emoción, destacándose un curso crónico que no motiva la consulta con un especialista. No es raro que acabe siendo diagnosticada como un problema distinto al motivo principal de consulta, y que la persona reaccione con sorpresa al saber que su tristeza no constituye un elemento indivisible de su forma de ser.

5. Gravedad y pronóstico

En general, la intensidad de los síntomas es notablemente más alta en la depresión mayor, trazándose un pronóstico ominoso cuando no se dispone de un tratamiento con la evidencia empírica suficiente. No obstante, la tremenda concienciación sobre su existencia (al ser una de las grandes epidemias de nuestro tiempo), facilita su detección y abordaje de un modo eficiente.

En el caso de la distimia los síntomas son menos severos, y si fuera diagnosticada en un momento inicial su pronóstico resultaría muy favorable. No obstante, cuando se confirma su presencia esta ha logrado erigirse como el eje gravitacional sobre el que se ha orquestado la identidad, tornándose por tanto más resistente a los tratamientos. Es por ello fundamental estimular el conocimiento sobre la misma en el seno de la sociedad.

¿Qué tratamiento existe para la distimia?

El tratamiento que actualmente se considera más eficaz es el que combina psicoterapia con fármacos antidepresivos. De la literatura sobre esta modalidad de intervención se desprende una mayor probabilidad de recuperación, en contraste con los programas en los que solo se utiliza una de estas opciones.

En lo relativo al uso de antidepresivos, se ha demostrado de forma consistente el efecto beneficioso de los ISRS y de los tricíclicos (en comparación con el placebo), a pesar de que aproximadamente un 40% o 50% de los pacientes no refieren beneficios que se les puedan atribuir. En estos casos se hace más relevante la psicoterapia.

De entre los tratamientos psicológicos, han demostrado mayor eficacia los pertenecientes al ámbito cognitivo-conductal (reestructuración cognitiva, entrenamiento asertivo, refuerzo de habilidades sociales, solución de problemas, etc.) e interpersonal (refuerzo del papel amortiguador del apoyo social como factor de mediación entre el estrés percibido y el malestar emocional). Asimismo, resulta necesario identificar cualquier comorbilidad en la persona con distimia, lo que ocurre hasta en el 75% del total de los casos, pues puede interactuar de maneras imprevisibles.

En resumen, la distimia es un trastorno que dispone de tratamiento eficaz, pero que se ve opacado por las dificultades para elaborar un diagnóstico apropiado. Si usted se siente triste desde hace mucho tiempo, y cree que podría estar padeciendo este problema de salud mental, no se resigne a vivir en ese estado y busque la ayuda de un profesional.

Referencias bibliográficas

  • Jiménez, M., Gallardo, G., Villaseñor, T., González, A. (2013). La Distimia en el Contexto Clínico. Revista Colombiana de Psiquiatría, 42(2), 212-218.
  • Rosique, M.T. y Sanz, T. (2013). Tratamiento cognitivo-conductual en depresión mayor, distimia e ideación autolítica persistente. Análisis y Modificación de Conducta, 39(159), 17-23.
Joaquín Mateu-Mollà

Joaquín Mateu-Mollà

Doctor en Psicología

Joaquín Mateu-Mollá (Valencia, 1985) es Psicólogo General Sanitario y Doctor en Psicología Clínica por la Universidad de Valencia. Cuenta con estudios de postgrado en Psicopatología (Máster Oficial), y es un apasionado de la divulgación científica. Es colaborador habitual en la revista digital Psicología y Mente.