Bulbo raquídeo: anatomía, funciones y características

Esta estructura conecta el encéfalo con la médula espinal, y lleva a cabo distintas funciones de vital importancia.
Bulbo raquídeo

Quizás a algunos les parezca exagerado decir que el cerebro es el órgano más importante de nuestro organismo pero, lo cierto es que, sin él, no podríamos hacer ninguna de las actividades que hacemos.

El cerebro es lo que da órdenes a nuestros músculos para que, al levantarnos, pongamos a calentar la taza de café mientras nos vestimos para prepararnos para ir al trabajo. También es lo que nos permite percibir como placentero el gusto de ese mismo café o si está demasiado caliente.Estas acciones, las cuales son conscientes, no podrían hacerse si careciéramos de cerebro.

Pero hay otras funciones que pasan más desapercibidas las cuales, de no hacerse, implicaría nuestra muerte inmediata. Respirar, hacer que el corazón lata, digerir los alimentos entre otras acciones no son actividades en las que tengamos capacidad para detenerlas.

Estas acciones involuntarias son tareas de una estructura que para muchos pasa desapercibida, pero que su función nos resulta fundamental: el bulbo raquídeo. Veamos qué es esta más que importante estructura de nuestro sistema nervioso y cuales son sus principales funciones.

¿Qué es el bulbo raquídeo?

El bulbo raquídeo, también llamado mielencéfalo, es una estructura subcortical situada en la parte baja del tronco del encéfalo. La principal función de esta estructura en forma de cono es la de conectar el encéfalo con la médula espinal, limitando con los haces piramidales y la protuberancia.

El bulbo raquídeo posee tanto conexiones nerviosas motoras como conexiones sensoriales. Esta estructura lleva a cabo funciones neurovegetativas, es decir, se encarga del mantenimiento y funcionamiento de los órganos de forma automática, sin que el individuo lo haga de forma consciente. Es por ello que resulta de tanta importancia en el mantenimiento de las constantes vitales.

Partes de esta estructura

Al igual que sucede con muchas otras estructuras que conforman el sistema nervioso central, el bulbo raquídeo no es homogéneo. Se compone de varios núcleos que llevan a cabo funciones diferentes entre sí.

Anatómicamente, el bulbo raquídeo se puede dividir en tres partes principales: pirámides bulbares, junto con su decusación piramidal, lemniscos, junto con su decusación lemniscal, y el complejo olivar inferior. A continuación se describen con mayor detalle sus características.

1. Pirámides bulbares y decusación piramidal

Las pirámides bulbares reciben este nombre principalmente por poseer una forma similar a la de una pirámide prototípica. En ellas se localizan los haces de fibras nerviosas que conectan el córtex cerebral con la espina dorsal.

Esto quiere decir que es en esta región bulbar en donde se conecta el cerebro con el resto del organismo, enviándose la información motora hacia las fibras musculares encargadas del movimiento.

En la decusación piramidal, la mayoría de las fibras de las pirámides cambian de lado del cuerpo, es decir, decusan. Así pues, las fibras de la pirámide bulbar izquierda pasan a estar al lado derecho y viceversa, especialmente las fibras motoras.

2. Lemniscos y decusación lemniscal

Los lemniscos son haces de fibras nerviosas cuya función es la de transmitir información entre el encéfalo, concretamente del tálamo, hacia la médula espinal, al igual que sucede con las pirámides bulbares.

También decusan, haciendo que las fibras nerviosas del lemnisco derecho pase al lado izquierdo y al revés.

La diferencia entre pirámides y lemniscos es que estos últimos transmiten información fundamentalmente de tipo sensorial.

3. Complejo olivar

El complejo olivar inferior es una estructura que se ubica en el tronco encefálico, encontrándose parte en la protuberancia y parte en el propio bulbo raquídeo.

La parte que se encuentra en el bulbo conecta con el cerebelo, estando relacionada con el control de la locomotricidad y la visión.

Núcleos destacables

Dentro del bulbo raquídeo también se pueden encontrar núcleos, los cuales desempeñan papeles muy importantes dentro de las complejas tareas que lleva a cabo esta estructura.

1. Núcleo ambiguo

Esta estructura es el lugar de origen de los nervios vago, espinal y glosofaríngeo.

Estos nervios cumplen una importante función, dado que están implicados en la digestión, especialmente en el control de la deglución controlando la laringe y la faringe.

2. Núcleo del tracto solitario

Esta parte del bulbo raquídeo se encarga del control de las vísceras y en la función cardiorrespiratoria. También se encarga de la percepción del sentido del gusto.

3. Núcleo dorsal del vago

Está relacionado con la digestión, y gracias a él se da el control de la producción y emisión de flujos gástricos.

4. Núcleo del trigémino

Aquí se puede encontrar el núcleo trigémino, el cual tiene la función de transmitir la información nerviosa del dolor, el tacto y la temperatura.

En este núcleo los somas de las neuronas se acumulan y procesan la información a nivel muy básico, viajando esta misma información hacia niveles superiores en donde le darán una interpretación más compleja.

Funciones del bulbo raquídeo

Como ya hemos comentado, el bulbo raquídeo cumple con funciones muy importantes para el organismo, dado que se encarga de mantener las constantes vitales y, también, sirve de conexión entre el encéfalo, centro de operaciones, y el resto del organismo.

Veamos en más detalle estas funciones a continuación.

1. Conecta el encéfalo con la médula espinal

Como ya hemos comentado, el bulbo raquídeo sirve de nexo entre la médula espinal y el encéfalo.

Gracias a ello, el encéfalo puede transmitir información motora que irá a parar a las diferentes partes del cuerpo y, también, recibirá la información sensorial captada desde el exterior.

2. Ritmo cardíaco y tensión arterial

Gracias al bulbo raquídeo, podemos seguir viviendo. Esta estructura se encarga de regular el ritmo cardíaco y, a su vez, la tensión arterial.

Cuando realizamos una actividad deportiva, es esta estructura la que se pone en marcha para indicarle al corazón con qué frecuencia debe latir y así mantener las funciones orgánicas ante la situación de estrés, aunque positivo, que supone el ejercicio físico.

3. Respiración

Relacionado con la función anterior, el bulbo raquídeo se encarga de mantener la respiración.

Es cierto que podemos detener y acelerar de forma consciente la frecuencia con la que respiramos, pero la mayor parte del tiempo estamos respirando sin darnos cuenta, y eso es gracias a esta estructura.

Nuestro organismo requiere de la entrada constante de oxígeno y la expulsión de dióxido de carbono como desecho. Esta actividad, si la tuviéramos que hacer de forma consciente, implicaría un elevado gasto de energía debido a que tendríamos que estar todo el rato pendientes de que la estamos haciendo.

Gracias a su automatización, podemos centrar nuestra actividad consciente de forma mucho más eficiente y óptima, centrándonos en exigencias del medio.

4. Nutrición y digestión

La digestión no es simplemente la mezcla de unos cuantos ácidos con la comida y ya. Es todo un proceso, en el que no únicamente intervienen enzimas para digerir la comida. También se activan músculos para transportar el alimento desde la boca, pasando por el estómago y llegando hasta los intestinos.

Los movimientos peristálticos son controlados por el bulbo raquídeo, además de, como ya hemos mencionado anteriormente, la fabricación y emisión de ácidos con los que se digieren los alimentos.

Referencias bibliográficas

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Nahum Montagud es graduado en Psicología con mención en Psicología Clínica por la Universidad de Barcelona. Además, posee un Postgrado de Actualización de Psicopatología Clínica en la UB.