Adrenalina (hormona): qué es, funciones y usos en medicina

Explicamos qué funciones lleva a cabo este neurotransmisor, y por qué se usa como fármaco.
Adrenalina

Cuando experimentamos emociones fuertes o altamente placenteras, liberamos una hormona llamada adrenalina (o epinefrina).

Esta hormona, que también actúa como neurotransmisor, también se libera cuando sentimos un miedo intenso o cuando estamos en peligro.

La adrenalina prepara al organismo para actuar y defenderse, produciendo una serie de efectos sobre el mismo. Además, también se puede administrar a través de medicamentos. En este artículo conoceremos qué es la adrenalina, cómo actúa, cuándo se libera, funciones, indicaciones, efectos secundarios y qué ocurre cuando nos volvemos adictos a ella.

Así, diferenciamos dos apartados en el presente artículo: la adrenalina como sustancia natural y la adrenalina como medicamento.

Adrenalina: ¿qué es?

La adrenalina, también denominada epinefrina, es un neurotransmisor cerebral y una hormona. Esta sustancia es sintetizada por el cuerpo, concretamente por las glándulas suprarrenales o adrenales (situadas por encima de los riñones). A nivel químico, se trata de una catecolamina.

La adrenalina permanece almacenada en el organismo a menos que el cuerpo la necesite, que suele ser ante situaciones de estrés, miedo intenso, peligro, alerta o excitación. Además, también liberamos adrenalina de forma natural en situaciones como la práctica de deporte, cuando experimentamos emociones fuertes o ante actividades de alto riesgo.

Por otro lado, la adrenalina también se puede fabricar de forma artificial en laboratorios (lo encontramos en diversos medicamentos). En este último caso, el de los medicamentos, la adrenalina se suele administrar en pacientes que presentan reacciones graves, ya sea asmáticas o alérgicas (para shocks anafilácticos, paradas cardíacas…).

¿Cuándo liberamos adrenalina?

Como adelantábamos, además de producirse la liberación de adrenalina ante situaciones de alarma que requieren la preparación del organismo, la adrenalina también se libera cuando sentimos emociones fuertes o muy placenteras, ya sean producidas por situaciones de peligro o de activación máxima (deporte de alto riesgo, por ejemplo).

También se liberan grandes dosis de esta sustancia cuando vemos películas de terror, por ejemplo, cuando nos subimos a una montaña rusa o cuando conducimos velozmente. Por otro lado, en nuestro día a día también segregamos (descargamos) dosis de adrenalina, aunque éstas son menores y no suelen producir efectos.

Paracaídas

Funciones

La adrenalina tiene la función principal de preparar al organismo para la acción en situaciones de riesgo o peligro, además de permitir que estemos en alerta. Así, también nos prepara para defendernos. Se trata de un mecanismo de supervivencia.

Pero, ¿cómo actúa exactamente? Produciendo una serie de efectos en el cuerpo, que son los siguientes.

Efectos

La liberación de adrenalina produce un efecto de activación y elevado bienestar en el organismo, así como una sensación intensa de placer, conocida como “subidón”. Es por ello que muchas personas buscan estas sensaciones a través de diferentes prácticas y actividades.

A nivel de la circulación sanguínea, la adrenalina expande los vasos sanguíneos que se conectan a los órganos vitales, lo que permite mejorar su rendimiento ante situaciones críticas o de alarma. Por otro lado, ensancha los vasos periféricos más finos evitando que se rompan, lo que hace que aumente la presión arterial.

Además, también aumenta los latidos del corazón y produce una dilatación de los bronquios. Esta dilatación de los bronquios es instantánea, y aumenta nuestra capacidad respiratoria, posibilitando que entre más aire en nuestros pulmones. Por otro lado, se acelera la respiración, lo que permite que la sangre movilice más oxígeno y deseche más dióxido de carbono.

Otro efecto que produce la adrenalina es la dilatación de las pupilas, lo que permite que recibamos más luz, percibiendo los estímulos del entorno de forma más rápida, y en definitiva, potenciando nuestra capacidad visual. Estos efectos en el organismo permiten al cuerpo humano prepararse para la defensa, a fin de reaccionar y actuar en situaciones peligrosas.

Relación con la depresión

Otra de las funciones que ejerce la adrenalina es aliviar los síntomas de la depresión. Esto es posible ya que su liberación estimula la síntesis de dopamina, neurotransmisor implicado en el bienestar y la euforia. Así, se sabe que las personas depresivas presentan niveles menores de dopamina.

La adrenalina como medicamento: indicaciones

Como mencionábamos anteriormente, la adrenalina también se puede utilizar como medicamento. Está indicada en casos de shock producido por una reacción asmática o alérgica; esto se explica porque el aumento de tensión que produce la sustancia, beneficia al cuerpo en caso de que se produzca una caída de la tensión arterial (en situación de shock anafiláctico).

Concretamente, el shock anafiláctico o anafilaxia consiste en una reacción alérgica grave ante una sustancia que produce alergia. En el caso del asma, el efecto broncodilatador que produce la adrenalina, también es beneficioso. Finalmente, la adrenalina también ayuda en casos de parada cardíaca.

¿Cómo actúa?

La adrenalina, una vez administrada externamente (a través de medicamentos), actúa muy rápidamente (de forma casi instantánea). Por otro lado, los efectos tienen muy poca duración, lo que implica que en ocasiones se deba repetir la administración de la dosis (por ejemplo cada 15-20 minutos).

¿Cómo se administra?

La vía de administración habitual de la adrenalina es la vía subcutánea o la vía intramuscular (mejor esta segunda, por su nivel de profundidad y su rapidez); por lo tanto, esta sustancia se aplica a través de inyecciones. Cuando es por vía intramuscular, suele ser fuera del contexto hospitalario.

En ocasiones, pero, la adrenalina también se administra por vía intravenosa u otras vías, aunque generalmente sólo en los hospitales.

Efectos secundarios

La adrenalina, cuando se utiliza como medicamento, puede ocasionar una serie de efectos secundarios. El principal es la taquicardia, lo que conlleva un aumento del ritmo cardíaco y palpitaciones.

En personas con problemas de corazón esto puede ser grave; en cambio, en personas que no presentan problemas de este tipo, no tiene por qué causar daños importantes. Más adelante veremos las precauciones que se deben tener con este medicamento.

Otros efectos secundarios de la adrenalina son: agitación, temblores musculares y nerviosismo.

Precauciones

Así, en personas con enfermedades cardíacas, y también en personas con hipertensión, el uso de la adrenalina debe estar muy controlado y se debe consultar siempre antes con un médico.

Por otro lado, la adrenalina también puede aumentar los niveles de glucosa; esto hace que las personas diabéticas también deban tener especial precaución.

En todos estos tipos de pacientes, generalmente se podrá utilizar la adrenalina (ya que los beneficios suelen superar a los riesgos); sin embargo, remarcamos que siempre se deberá consultar previamente con un profesional especialista (médico de cabecera y farmacéutico).

Exceso de adrenalina

Por otro lado, cuando se produce un exceso de adrenalina en el organismo, ya sea de manera “natural” como a través de medicamentos (especialmente de forma natural), pueden aparecer una serie de síntomas, tales como: cefaleas, dificultades para dormir (insomnio), ansiedad, problemas de visión, náuseas, mareos, irritabilidad, problemas cardíacos (especialmente si el nivel de adrenalina es elevado durante mucho tiempo), etc.

Síndrome de Pontius

Además, cuando la adrenalina se libera de forma natural, ante situaciones de excitación o emociones fuertes, y nos volvemos adictos a esto, puede aparecer el denominado “Síndrome de Pontius”.

El Síndrome de Pontius es una alteración que implica que nos volvamos adictos a los subidones que genera la adrenalina. También ocasiona una alteración en la percepción del peligro, haciendo que veamos situaciones de alto riesgo (incluso peligrosas para la integridad física o la vida) como situaciones normales y “seguras”.

Referencias bibliográficas

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  • Stahl, S.M. (2002). Psicofarmacología esencial. Bases neurocientíficas y aplicaciones clínicas. Barcelona: Ariel.

Laura nació en Barcelona en el año 1994. Es Graduada en Psicología por la Universitat de Barcelona, con Máster en Psicopatología Clínica Infantojuvenil por la Universitat Autònoma de Barcelona. Especializada en Trastornos del Neurodesarrollo. Actualmente trabaja como Psicóloga infantil en la Associació Catalana del Síndrome X Frágil. Redactora y divulgadora científica en Psicología y Mente y en MedSalud.