Bulto en la axila: posibles causas, síntomas y qué medidas tomar

Te explicamos cómo y por qué pueden aparecer los bultos axilares.
Bulto en la axila

Las axilas son una parte del cuerpo a menudo olvidada. La piel de las axilas está llena de glándulas apocrinas, al igual que la piel cercana al los genitales, el ano o los pezones.

Estas glándulas segregan el llamado “sudor apocrino”, responsable del mal olor corporal relacionado con el sudor, ya que las bacterias de nuestra piel se alimentan de este liberando sustancias aromáticas.

Cuando en las axilas se produce un bulto, habitualmente se debe al bloqueo de estas glándulas apocrinas, aunque también puede deberse a infecciones de la piel, infecciones víricas sistémicas como en el caso del Herpes o el SIDA, así como también tumores benignos o incluso cánceres.

En este artículo repasamos las causas de los bultos en la axila, así como sus síntomas y las medidas necesarias que debemos tomar en cada caso.

Causas de los bultos en las axilas

Los bultos en las axilas tienen diversas causas, de gravedad variable. Los síntomas que acompañan al desarrollo del bulto cambian dependiendo del motivo de su aparición, pero en cualquier caso la mejor idea es acudir al médico, especialmente si no estamos seguros de qué es exactamente el bulto que nos ha aparecido en la axila.

Si el motivo es una infección grave o un proceso canceroso, la rápida actuación puede mejorar mucho nuestras posibilidades de superar el proceso sin padecer secuelas a largo plazo.

Entre las diferentes causas más habituales de los bultos en las axilas podemos encontrar:

1. Hidradenitis supurativa (Forúnculos o Golondrinos)

Los forúnculos, también conocidos como golondrinos, suelen ocurrir en personas que padecen de Hidradenitis supurativa, una enfermedad con fuertes componentes genéticos pero también factores ambientales que condicionan su aparición. Ocurren en zonas con glándulas apocrinas, especialmente aquellas que tienen pelo o están expuestas a roces constantes.

Se caracterizan por la obstrucción de las glándulas apocrinas, que dan lugar a una estructura llena de pus -debido a una infección, habitualmente por Staphylococcus aureus- que puede presentarse de distintas formas. Antes de la aparición de los golondrinos o forúnculos, podemos notar un enrojecimiento e hipersensibilización de la piel, seguida de la aparición de granos.

Tras esto, los golondrinos pueden aparecer como pequeños nódulos violáceos, que suelen resolverse de forma espontánea, pero que causan dolor y molestias. Si la obstrucción y el daño a las glándulas es profundo, se pueden formar abscesos dolorosos y llenos de pus, que pueden requerir atención médica para evitar su complicación -Como la formación de fístulas-.

Los golondrinos afectan más habitualmente a las mujeres, unas tres veces más que a los hombres. Aproximadamente el 1% de la población padece de Hidradenitis supurativa, debido a factores genéticos pero también ambientales, como el fumar (el 70% de las personas con forúnculos son fumadoras) o la obesidad.

2. Inflamación de los ganglios linfáticos

Los ganglios linfáticos son estructuras nodulares que se encuentran por todo nuestro cuerpo, especialmente en el cuello, axilas, mamas e ingles. Tienen funciones clave en el funcionamiento del sistema inmunitario, así como también en el drenaje del exceso de líquidos que ocurren en el organismo.

Cuando un ganglio linfático se inflama puede producir protuberancias y dolor, pero no resulta en estructuras supurantes como el caso de algunos forúnculos. Esta inflamación suele ser benigna y estar asociada a infecciones bacterianas del tejido cercano, como la piel o el tejido mamario.

En algunos casos raros, esta inflamación ocurre por la acumulación de células tumorales en el ganglio linfático. Esto ocurre principalmente cuando hay un cáncer en proceso de metástasis. Cuando el ganglio supera los 4cm de diámetro o está situado sobre la clavícula en lugar de bajo la axila, su estudio y biopsia son muy importantes, ya que estos factores están relacionados con una mayor malignidad.

En algunos casos esta inflamación está causada por infecciones víricas sistémicas, como las causadas por el virus del herpes o el virus del SIDA.

3. Quistes

Los quistes, especialmente los quistes sebáceos, pueden ser causa del bulto en la axila. Los quistes son estructuras cerradas, como si se tratase de un globo de agua, que a veces contienen pus y células muertas -denominados abscesos-, pero pueden dependiendo de su composición pueden estar llenos de líquido, ser semisólidos o incluso estar llenos de aire.

La causa de aparición de los quistes no siempre es clara, aunque en los quistes sebáceos o dérmicos suele estar acompañada de una infección. De hecho, en algunos casos estos quistes afectan a órganos internos, a los huesos o incluso a los músculos. En algunos casos desaparecen por cuenta propia, pero en otras ocasiones son estructuras presentes desde el nacimiento.

La mayoría de quistes son benignos, pero dependiendo de su localización y composición pueden causar otros síntomas que sólo podrán solucionarse con la intervención médico-quirúrgica.

4. Lipomas

Los lipomas son un crecimiento anormal de células adiposas, aquellas que almacenan la grasa del cuerpo. Son un tumor, pero suelen ser benignos. No se infectan, ya que no tienen comunicación con el exterior, y su tasa de malignidad es muy baja.

Los lipomas pueden ocasionar problemas según su tamaño y localización, pero estos se solucionan con la extirpación del tumor. Son sólidos, pero suaves al tacto, con una consistencia que recuerda a la de la goma.

Es más habitual en personas que superan los 40 años de edad, especialmente aquellas con obesidad, exceso de colesterol en sangre o diabetes.

Qué medidas tomar ante un forúnculo o golondrino

Siempre que notemos la aparición de un bulto extraño en el cuerpo, lo más sensato es acudir a un médico que sea capaz de diagnosticar el problema y ofrecernos un tratamiento adecuado. Aun así, hay ciertas medidas que podemos tomar frente a la aparición de un bulto en la axila, especialmente si este se trata de un forúnculo o golondrino, que suele ser la causa más probable.

Es de suma importancia no manipular el bulto, especialmente no para drenarlo o abrirlo. Esto puede causar daños profundos en la estructura de la piel, que pueden empeorar la situación agrandando los forúnculos.

Además, debemos mantener la zona limpia. Los forúnculos suelen resolverse por sí mismos en unos días, siempre que mantengamos la zona afectada limpia. Este proceso suele acelerarse con el calor y la humedad, así que los profesionales recomiendan aplicar paños húmedos calientes durante unos 20 minutos, unas 3 veces al día.

Si el forúnculo se abre, deberemos cubrir la herida resultante mientras nuestro cuerpo expulsa el pus. El vendaje ha de cambiarse diariamente y la zona ha de limpiarse dos veces al día con agua y jabón. Los forúnculos pueden ser contagiosos, así que mejor evitar compartir ropa o toallas mientras esté presente.

Si notamos que tenemos un golondrino y este no desaparece o se abre por sí solo en unos 10 días, deberíamos acudir al médico. Si hay más de un forúnculo cercano, crece a un tamaño cercano a una pelota de “ping pong”, ocasiona un dolor insoportable o nos provoca fiebre, también deberíamos acudir a un médico para que lo drene y nos trate lo antes posible.

Referencias bibliográficas

  • Hidrosadenitis Supurativa Online. Extraído de https://hidrosadenitis.es/ el 25/09/2019
  • VILA MAS, A., & PUIG SANZ, L. (2003). Foliculitis y forunculosis. Clínica y tratamiento. Farmacia Profesional, 17(1), 78-81.
  • Habif TP (2016). Bacterial infections. In: Habif TP, ed. Clinical Dermatology: A Color Guide to Diagnosis and Therapy. 6th ed. Philadelphia, PA: Elsevier.
Ana Torres Ruiz

Ana Torres Ruiz

Médico de cabecera

Ana nació en Girona en 1992. Es Graduada en Medicina por la Universitat de Barcelona y actualmente ejerce el periodo de residencia de su especialidad en Medicina Familiar. Colaboradora con MedSalud.com para compartir sus conocimientos médicos.